SEGÚN EL COLOR

Patodelax

“…todo es según el color,

del cristal con que se mira…”

Willie Colón, Rubén Blades.

Album Metiendo Mano, 1977

Verdad indiscutible: matas lo que asoma como una yerba invasiva, siendo que la naturaleza le sembró en un huerto para obtener equlibrio, y no te cuestionas si tu acción tendrá un giro inesperado o simplemente inhibiste un cambio necesario.

Todos alegan con estentóreas palabras o diatribas que desnudan su formación moral y espiritual; que tal personaje debe o no debe hablar en su idioma original; que Machuca es una película sobre desclasados; que nos perderán en abismos insondables los aventureros del poder; que el master de la Moneda está desaparecido, que el cerco comunicacional nos lava el cerebro, que la… y todos, al parecer tienen razón desde su óptica, pero el resto está equivocado, obvio.

Me han dicho zurdo, comunacho, inconsciente, desleal, amarillo, rojo, descerebrado, facista, facho pobre, awueonao, latero, repetitivo, viejo e´mierda, anti patriota, y un sinfín de etcéteras aburridos y poco originales. Sin embargo, aquello que cualquier humano espera al intentar dialogar, me es negado como agua escasa en un desierto. La cacofonía de los epítetos sepulta tanto la posibilidad de empatizar, como la de obtener nuevos conocimientos, y eso es una verdad también innegable.

Pero la esperanza de crecer en comunidad, aceptando a los demás con todas las sutilezas que otorgan las experiencias personales, jamás muere. Es resiliente como mala yerba, se mantiene a la expectativa de que reconozcan tu derecho a vivir, construir, mejorar, crear y en ocasiones alumbrar ideas que se transformen en acciones, para experienciar con los demás, la belleza de compartir.

No expreso nada nuevo. La tribu se conformó, en añejos ayeres, para mejorar las expectativas de sobrevivencia, permanencia y procreación. Cabe imaginar cómo fueron, los primeros estertores del alumbramiento del quehacer humano. El descubrir y dominar al fuego, la manipulación y creación de herramientas, cacharros, ropas, utensilios, la adquisión y transmisión de conocimientos desde el entorno, sus amenazas, sus dádivas, el clima, las medicinas, el intercambio o trueque.

En aquellas lejanas historias del embrión homo sapiens, cabría también la disidencia, la opinión sustentada por la observación y el ensayo, el error y el nuevo ensayo. Y las luchas internas por tener preponderancia en temas delicados, como el uso o no de tal o cual caverna, la ruta en búsqueda del sol, la conformación del grupo de caza, del grupo de recolección, de las uniones maritales, la toma de decisiones.

Toda una lucha con la naturaleza como aliada y en ocasiones oponente. Lucha por mantener el statu quo, por la conformación del grupo y su unión ante imponderables como ataques de otras tribus, o la defensa de los depredadores, o ante la enfermedad desconocida o los accidentes fortuitos y mortales.

Acá rescato una opinión experta basada en evidencias paleontológicas, que asevera que el comportamiento social humano, la primera evidencia de un contrato social, se revela en los restos de huesos fracturados que, mal o bien, sanaron desde la conformación del callo óseo hasta su unión, permitiendo una segunda oportunidad al accidentado. Es en el ejercicio de la protección, por parte de la comunidad a uno de los  suyos, cuando el humano se diferenció de otros animales y perfiló un rasgo que será legado hasta nuestros días.

No creo que el color, la cantidad de cabellos o músculos, el sexo o la edad fuesen determinantes en ese comienzo y praxis de la solidaridad. El grupo protege al desvalido, le da el tiempo necesario para que se recupere, lo alimenta, le otorga amparo, abrigo, compañía. Hay un acuerdo social, un contrato que se respeta porque todos juntos son como el haz de flechas difícil de romper, a sabiendas que una sola es poco resistente, y que la unión es sinónimo de fuerza.

¿Qué sucede en nuestros días, después de miles de años de evolución? Al parecer, el derecho a manifestar y establecer opiniones es más importante que la sobrevivencia del núcleo humano ante las asfixiantes condiciones económicas, políticas, sociales y morales, lo que prevalece con una ética marcada por las necesidades de cada uno como prioridad por sobre los otros.

Son tantas las opiniones al respecto de este fenómeno, que la sumatoria parece acercarnos cada vez más a la entropía de nuestra sociedad, dejando de lado la observación y el raciocinio sobre la importancia del actuar conjunto. En los años setenta, vivimos un golpe cruento y desestabilizador del proyecto socialista construido a sabiendas del ojo avisor del águila brava. Después de la noche de espanto, y bajo una lápida constitucional se ralentizaron primero las conciencias, y a continuación lo probo, el “hacerla” ganó rating y cuando comenzó a doler ya nos tenían de rodillas, o eso pensaron quienes legaron de Francis Bacon, en el siglo 17, la creencia de que un solo libro constituye toda la sabiduría de un solo dios y no hay más nada que hablar. Puestos a ello, como lo explica Soublette, la obtención de riquezas y poder constituye el único norte del desarrollo a escala mundial, pues ha sido sacralizado, enraizado sin importar el coste destructivo del planeta que habitamos.

Recuerdo, pues la mente posee propiedad inalienable si la cultivamos, que el amor de mi familia, el descubrimiento de la sexualidad junto a las amigas del barrio, los desafíos del estudio, el pan con huevos revueltos después de la pichanga, las canciones desafinadas de los primeros acordes, las puertas abiertas en año nuevo, el primer poema malamente esbozado, todo lo usual y lo diferente, se realizaba y se compartía con otras personas, con los vecinos del entorno.

De la misma forma, descubrí un mundo rebosante de notas musicales, letras y ritmos que no dejan indiferente, un espacio donde los cuerpos se expresan y las almas conjugan un llamado ancestral en torno al fuego y su cobijo. Otras y otros, lo hicieron con su propia sensibilidad, sus tiempos, prosapia, experiencias y búsquedas.

Hemos transcurrido caminos diversos que nos llevan al mismo lugar, sin importar el sesgo de las miradas o el color de la piel, si realizamos abluciones o quemamos cáñamo, si nos gusta la natación o jugar cartas, si leemos a Rimbaud o pintamos sobre telas nuestras esperanzas y miedos. Nadie queda fuera de la casa grande, nadie es rechazado si perjura o ya no ama a quien antes amaba.

Pues al abrir sus puertas a todos los necesitados, sedientos o perdidos de rumbo, la Maestra estableció espacios y rincones libres a la disidencia, la creación, los sueños, el trabajo, la unión y la esperanza de un mundo como era, cuando el primer humano recibió de su comunidad el apoyo para sanar y perpetuarse.

Hoy que los murmullos y palabras soeces son parte del diario devenir, y que por enésima vez nos enfrentamos al desamor, la incomprensión y la desidia para con el cercano, junto a la descalificación, y el oprobio de acusaciones sin fundamento, siendo todo ello parte indiscutible de la estrategia para desunir lo que ha costado generaciones juntar. Pido un minuto de reflexión y de análisis sin que la sangre desborde los sentimientos. Recordemos que aquello que nos falta cada fin de semana, está al alcance de mirar con perspectiva de futuro el tremendo regalo que recibimos, desde cada barricada, cada voto, desde los cegados, la sangre derramada, las mujeres violadas, los disparos a quemarropa, el abuso del oscurantismo.

Cito al poeta que canta: “En la vida encuentro tipos /que creen que todo lo saben /y no encuentran cerradura /donde meter una llave”

¿Qué importa más en este año, que continuar la lucha en unión y compromiso filial? He leído expresiones al respecto que me hace pensar que otro mundo sí es posible. ¿Acaso desperdiciaremos la instancia de haber constituido una asamblea, que nos permite redactar una carta fundamental para los cambios fundamentales, que necesita nuestro país expoliado hasta la saciedad? ¿Debemos tirar por la borda, haciendo el juego de la fronda conservadora, lo ganado hasta hoy por causa de dimes y diretes que nos llevan a la incomprensión de la encrucijada en que estamos?

Los jóvenes que saltaron torniquetes, desafiando al poder y todo el aparato represivo del Estado, no pusieron el pecho a las balas para que los cambios necesarios se diluyan en un retrete comunicacional.

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