La noche sobrevive para salvarnos

Félix Kof

Estoy a favor de todo lo que te ayude a pasar la noche; sean oraciones, tranquilizantes o una botella de Jack Daniel’s”  F.Sinatra

En un acto de absoluta honestidad, creo que se debe admitir que la noche bohemia y la diurna “normalidad social” son incompatibles.

Puede ser porque en ningún momento la luz y la oscuridad se encontrar más solo como una insinuación. El crepúsculo y el amanecer son la transición de estados que para los seres vivos define muchas más cosas que la disposición de las actividades funcionales, o el cumplimiento de ritos, o la delicada sospecha de que hay seres que habitan, separados, cada cual a un lado de esas fronteras.

Perdonadme: he dormido. / Y dormir no es vivir...” (1)

Es la historia de un conflicto en la humanidad, o al menos para una parte de ella, la que vive la rumba.

El alcohol ayuda, por supuesto, a desfigurar los límites de las conductas que se dan en la noche. Se sabe de personas que en el éxtasis pierden todo atisbo de delicadeza, desinhibidos del pudor, el comportamiento diurno, y sus implicancias optativas quedan relegadas en la orilla de una calle visitada por las familias respetables, hombre y mujeres líderes de sus comunidades que nada tienen que ver con esas antípodas que se han revolcado en una feliz jornada de juerga.

Del mismo modo que en las horas que dura la noche, y en un ambiente propicio existe una posibilidad de salvación, pues es acá donde se acuerdan –o no- el inicio de los ciclos que han ido poblando la faz de este planeta.

Anoche te he tocado y te he sentido / sin que mi mano huyera más allá de mi mano, / sin que mi cuerpo huyera, ni mi oído: / de un modo casi humano / te he sentido.”(2)

Se dice que este tiempo de extenso confinamiento pandémico obligará a cambiar muchas de nuestras conductas. Es probable que así sea. Para algunas dimensiones de vida cotidiana –diurnas- será de un modo radical, pero por la experiencia histórica, los antecedentes antropológicos, y la evidencia cualitativa nos dice que hay cosas que deberán volver a un cauce de “normalidad”, tarde o temprano será la noche y su bohemia, y la frontera que marca el crepúsculo o el amanecer, y toda la desinhibición que es estímulo alcohólico o sustancia artificial, o cuando no, simplemente vahído en que se suma algún gurú o abstemio, son millones de personas que en el mundo volverán, en eso no hay atajos, a la rumba.

“¡Oh noche estrellada! Así es como / quiero morir”(3)

La especie humana requiere de esos espacios que aportan la fiesta y el carnaval, la rumba y el boche se inscribe en los satisfactores transversales (usando la matriz de Necesidades Humanas Fundamentales) que permiten cumplir y completar una serie de otros satisfactores, y en ese sentido su centralidad es decisiva para explicar la propia condición humana.

Noche fabricadora de embelecos, loca, imaginativa, quimerista, / que muestras al que en ti su bien conquista, / los montes llanos y los mares secos.” (4)

Y por último esa esperanza es lo único que nos separa de la muerte de jornadas sin boche.

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(1) Vicente Aleixandre

(2) Gonzalo Rojas

(3) Anne Sexton

(4) Lope de Vega

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