La decadencia de EEUU: estamos viendo la caída del imperio de norte

HCF

Uno de los grandes hitos en occidente, y que se proyecta por casi 15 siglos de historia, fue el desmembramiento y muerte del imperio romano. Un ciclo que tuvo su momento estelar en el siglo V de esta Era: primero con la división de dos identidades, una en occidente y otro en oriente, para luego desaparecer como poder central.

Los historiadores hablan del desgates decadente y mundano, lento y sin contención, junto con los excesos de las clases gobernantes, crearon una mitología en torno del modo en que cada emperador fue descomponiendo el imperio, a tal punto que se constituyó un indicador que permitía entender procesos similares para las metrópolis imperiales posteriores.

Desde el imperio Bizantino –en el siglo XV-, Napoleónico, Hispánico, Británico, y en general todas la potencias que construyeron poder en la época de la colonización europea sobre territorios en ultramar, y más recientemente el estado soviético. Todos vivieron la descomposición de sus estructuras e instituciones desde sus entrañas, nunca fueron procesos jalonado desde el exterior, en un sentido sistémico, las amenazas externas son parte de la naturaleza de un Imperio, por lo tanto nunca es desde fuera que se destruye estos macroestados.

Tampoco fueron procesos rápidos en el sentido de que en su eclosión se reconocer  etapas que duran décadas o siglos, sumando eventos y ciclos históricos de largo aliento.

Lo que correspondería es señalarlos como procesos de reflujo, muchas veces al retroceso del poder central por efecto de un liderazgo mal encaminado, luego venía el esfuerzo de las élites gobernantes por recomponer el orden y el control. Pero al final nada impedía el precipicio. 

En estos días estas ideas han vuelto a circular con fuerza al observar los hechos, para muchos sorprendentes, que acontecen en el imperio del norte, EEUU, que no dejan de evocar el tufillo de la decadencia, al errático monarca que es capaz de nombrar a su caballo predilecto Incitatus, Cónsul del Imperio. Claro, Calígula fue el predecesor del aún largo periodo de glorias de Roma, pero fue en personaje como ese los que marcan los síntomas del inicio de la etapa final que llegó algunos siglos después. 

Lo que acontece en EE.UU. se puede entender como parte de un proceso que aún puede durar un par de décadas, pero parece que es irreversible. Las señales están a la vista y es solo cuestión de ejercitar la observación para entender lo que vive el poder imperial del norte de América.

1.- Lo primero que se diluye en esta etapa es la ilusión de la “democracia ejemplar”. Y no es por el asalto al Capitolio el pasado miércoles 6 de enero, que es un hecho significativo, es el desgaste del discurso moralista con que los líderes norteamericanos reprenden a otras naciones mostrando su ejemplar estabilidad democrática como estandarte.

La verdad es otra. El sistema democrático norteamericano se puede denominar sui-generi, se basa en presupuestos simbólicos que ha dado estabilidad a un orden tremendamente segregado, racista y clasista, pero que se presume democrático.

El discurso de la “democracia ejemplar” es sostenido no solo por las élites del imperio, también lo escuchamos por un eco en muchos rincones del planeta, un mantra que repiten los poderosos locales en cada país, especialmente en el sur.

2.- Donald Trump, no es la crisis en sí misma, es el síntoma de la descomposición. Ahora mismo se prepara para asumir el mando un integrante de las élites del poder, Joe Biden, un “demócrata” que se encargará de volver a poner las piezas en su lugar, centrar la institucionalidad del extravío fascista para continuar con la gran misión señalada por los padres fundadores de la patria: gobernar el mundo, ser el imperio.

3.- Una de las grandes fantasías que sostenía la idea de “democracia ejemplar” es la libertad de cada ciudadano para ejercer ciertas potestades que están reconocidas y garantizadas por el orden institucional, siendo la Constitución el gran marco.   

El problema de esa ilusión es que existen varios tipos de ciudadanos, unos de primer nivel y los demás.

Si eres blanco, con formación universitaria, habitante en zonas urbanas de las grandes ciudades tendrás mayor posibilidad de acceder a los beneficios del sistema. En cambios si no eres blanco (afroamericano, latino, inmigrante latino…) con menor educación formal, y habitas zonas depreciadas de ciudades, la democracia y sus beneficios serán menor.

El Covid ha mostrado con claridad esas diferencias. Los afroamericanos, latinos y otros grupos tienen mayor posibilidad de enfermar y morir que los grupos de cercanos de las élites.

Finalmente parece interesante tener consciencia sobre la asistencia a un momento que se ha dado un puñado de veces en la historia. La última vez que fue claro el derrumbe de un imperio fue el año 1991.

Lo que estamos observando es parte de un proceso de mayor aliento, pero es probable que si tenemos tiempo podremos observar otros hechos que irán mostrando la decadencia y muerte del Imperio del norte.

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