Diagnóstico e ideas para un proceso de reconocimiento de la identidad nacional mapuche

Hugo Catalán Flores

En wallmapu hay un enfrentamiento entre el Estado chileno y las comunidades mapuche. Los miembros de esta identidad nacional reclaman un programa político centrado en reivindicaciones territoriales, políticas y culturales.

El historiador Jorge Pinto señala que en 450 años se pueden identificar tres procesos estelares que pudieran dar luces para entender la actual coyuntura: la invasión europea del siglo 16, resistida con fuerza por la nación mapuche, que significó una especie de paz de facto con los españoles hasta la independencia; la invasión de los chilenos en el siglo 19, iniciada con la colonización de 1860 que se expresó en cesión de territorio a inmigrantes especialmente europeos y que concluye con la intervención del ejército hacia 1880- etapa desde la que surge la chilenización forzada para los invadidos; y la irrupción del modelo de monocultivo forestal, neoliberalismo, desde la década de 1980 y que significó el acto de fuerza definitivo para doblegar formas de organización económicas y culturales del pueblo originario.

La descripción que propone el Premio Nacional de Historia parece pertinente a la hora de abordar lo que se conoce como el conflicto del estado chileno contra las comunidades del territorio del wallmapu, relación que tiene una centralidad: el Estado chileno subsume a los habitantes de la identidad mapuche como parte de la integridad chilena, en la que impone un orden y hegemonía cultural, para luego desde la constitución de 1980, consagrar la dependencia institucional expresada en la fórmula “Chile un país, un territorio, una identidad”.

Esta relación asimétrica se ve profundizada especialmente desde el inicio de la transición pactada de la década de 1990, en la que los gobiernos de turno operan en un zigzagueo que varía desde el discurso de la comprensión paternal, pero estricta con el orden institucional, a la abierta beligerancia con presencia militar de por medio. 

Usaremos el esquema del profesor Pinto, y diremos que gran parte de la naturaleza del conflicto chileno en el wallmapu se define en la segunda etapa, a mediados del siglo 19, con la “chilenización de la araucanía”, proceso que acumula energía por casi un siglo hasta el momento de la salida de la dictadura e inicio de la transición, y que además coincide con la tercera etapa, la irrupción neoliberal.

Abordar desde nuestra calidad de habitantes urbanos la complejidad y hondura de un mundo con concepciones sistémicas de muchas dimensiones que explican esa realidad, es simplemente una pretensión mental de normalidad hegemónica. Sin embargo, podemos arriesgarnos a señalar algunas ideas, a modo de síntesis, que permitan enunciar el actual nudo sobre el que se tensiona el conflicto en el wallmapu.

Proponemos señalar 5 elementos que enuncian desde nuestra ubicación el conflicto, y que se despliegan desde la década de 1990, instante excepcional en la historia en Chile y el mundo:

  1. Cambio de orden a nivel mundial, el fin de la guerra fría. Fue el momento propicio para reivindicar experiencias de identidades locales, como por ejemplo la de los pueblos originarios, potenciado en América por la revisión histórica que significó la conmemoración de los 500 años de la llegada de los europeos al continente, el llamado “encuentro de dos mundos“;
  2. Cambio de administración política en Chile, manteniendo y profundizando el modelo económica neoliberal. Este periodo permitió volver a visibilizar las identidad nacionales distintas del discurso nacionalista y hegemónico de la dictadura, pero siempre amarrado desde las lógicas de Estado unitario, orden institucional sancionado en la Constitución de la dictadura cívico-militar, esquema más o menos respetado por todo el arco de representantes políticos de la institucionalidad;
  3. Un nuevo contexto teórico e ideológico que se da en torno al posestructuralismo y posmodernismo (metodología y teoría) constructo que exacerban discursos en las ciencias sociales que se amparan en el multiculturalismo potenciando, además, por el término de los socialismos reales en Europa oriental. Paralelamente a la valoración de las realidades locales se comienza a discutir sobre la pertinencia y vigencia de la idea del estado-nación, debate que se instala primeramente en el mundo académico, pero que se traslada al ámbito de las políticas públicas, que tiene su corolario en el fenómeno de la globalización y el multilateralismo, donde son los organismos internacionales quienes señalan aquellas identidades que fueron suprimidas por estados nacionales poscoloniales y centralizados;
  4. Una generación de intelectuales y dirigentes políticos mapuche que reivindican tanto la historia, comprender el presente, y levantan programas para el futuro, cuestión que le da impulso desde las ciencias sociales y las humanidades a las luchas políticas por las reivindicaciones territoriales y por autonomía política de las comunidades;
  5. A nivel cultural, una revaloración de la identidad mapuche de parte de los chilenos, proceso que se expresa en la exposición de simbologías y narrativas de la cultura que se aloja en el territorio del wallmapu, y que en el último año desde la rebelión de octubre de 2019 se ve reforzada por el uso de imágenes que expresan respeto y admiración con las comunidades en resistencia.

Estamos entrando a una nueva etapa institucional en Chile que se expresará en un proceso constituyente que si logra las condiciones ideales debiera permitir un renovado pacto social. Sin temor a parecer torpemente optimista, y en vista del nivel de violencia que se ha evidenciado de parte de agentes del estado en la zona en conflicto, hace posible vislumbrar que el pueblo mapuche pueda participar claramente representado en esa instancia, Convención Constituyente, y pueda lograr avances sustanciales, desde mínimos que serían consagrar el reconocimiento de Chile como agrupación de distintos pueblos nacionales, hasta mecanismos de representación y autonomía para resolver sobre cuestiones centrales de su pueblo.

El desafío es lograr que las distintas voces que coexisten al interior de las comunidades logren interlocuciones políticas validadas, y que sean capaces de impulsar la agenda de cambios que viene exigiendo hace décadas las nuevas generaciones del pueblo nación mapuche, proceso que de todas maneras contará con un sustancial apoyo de parte de chilenos que entendemos que hay una gran deuda con las comunidades del wallmapu.

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