El Bosque es una comuna pobre

Mapapo Castillo

Es de esas comunas que nacieron en los 90s. Ha tenido UN SÓLO ALCALDE, pasa un solo recorrido del Transantiago (y sus variantes) por su calle principal, que siempre está llena de autos y gente, y muchas veces si perdís la micro o el colectivo, puedo llegar súper a tiempo o súper tarde.

La comuna tiene unas cuadras de “ciclovía” arriba de la vereda que es de las peores de Santiago, que por lo demás está utilizada por casi todos los talleres mecánicos que tampoco dejan pasar en la vereda.

Hay balaceras, hay narcos, se escucha cuando llegó la merca.

Es una zona roja, pero nadie pesca mucho porque es una comuna que nadie ve, nadie sabe bien dónde queda ni cómo llegar, nadie identifica y cuando se nombra la gente piensa que estás hablando de un sector de Providencia.

Cuando transito desde ahí e insisto con empezar o terminar a la hora alguna reunión o compromiso, o quedarme en casa de amigxs en el centro, cuando me llaman porque hay balaceras, es porque la logística de llegar o salir es tremenda, pero eso no se ve desde el privilegio de vivir cerca o contar con una motorización. Sí, es un privilegio. Sí, cuando alguien atraviesa una ciudad desde ahí y te enojai porque han estado esperándote 40 minutos y está enojadx o cancelai a última hora, te sumai a esa masa de instancias violentas que te enrostran que te pueden cagar y no aleguís. Te parecís un poco al gobierno también y no creo que te guste la comparación.

Es fácil criticar o – mal de males- tratar de hacerte el que entiendes muy bien la situación, y cómo te sentiste tocadx, vas a cacerolear.

El hambre, la rabia, el miedo, la pena de las carencias reales e inmediatas, no se solucionan con un par de tweets, o compartir un video con el sonidos de tu cacerola en Facebook o Instagram. Son acciones concretas las que generan cambios. Son gestiones reales, son formas de entablar puentes para colaborar de forma permanente a que la hueá sea un poco más equitativa, más humana.

¿De qué sirve un caceroleo si la gente que tiene hambre no puede hacerlo porque no puede romper la olla que usan para concinar? ¿De qué sirve el caceroleo si todas tus actividades están enfocadas en que accedan sólo personas privilegiadas territorialmente (Santiago, Providencia, Ñuñoa)? ¿Qué sacai con apenarte con situaciones como la de El Bosque si cuando tenis, en tu circuito inmediato la posibilidad de empatizar en concreto no lo hacis?

Va a haber (y ya hay) caleta de hambre los próximos meses. Organicémonos pa´ armar comedores permanentes, pa´ enseñar oficios, pa´ resistir. No estoy en contra de los caceroleos, que encuentro que son un hermoso acto poético. Pero cuando el hambre es urgente, cuando te rasguña la guata, es absolutamente insuficiente.

La pena lastimera no sirve de ni una hueá si no va acompañada de acción.

IMAGEN: Gabriela Cruz

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