Covid-19: El bueno, el malo y el feo de la película

Por Emanuel Ramírez Jaramillo

Reflexiones de un millennial en cuarentena.

Una enfermedad como la peste sólo puede amenazar tu vida, pero el mal, el egoísmo, el orgullo, la hipocresía y el miedo, estas cosas atacan tu propia humanidad. (Marco Aurelio)

Impresiona observar día a día como este virus ha sobrepasado todo lo que hemos imaginado. Animales silvestres vagabundeando en las calles en ausencia de humanos, comercio absolutamente detenido, pocos automóviles, silencio, aire distinto, noches distintas (más estrelladas) y “cero manifestaciones”.

Cada día que avanza hay más contagios, más fallecidos y más miedo. Todos los medios de comunicación están con los ojos puestos en esta pandemia. Estamos ante una avalancha de información acerca de su inicio, que van desde que este virus fue provocado por un simple murciélago; a la teoría de que estamos ante la tercera guerra mundial.

Podemos asentar mucha información como cierta, y podemos horrorizarnos con la verdad y las “fakenews”. Pero hay algo en lo que se debería estar de acuerdo, independiente de la religión, clase social o nacionalidad y es lo siguiente:

“No podíamos seguir estando como estábamos”

Y señalo “no podíamos”, en tiempo pasado, debido a que el mundo tal cual como lo hemos vivido desaparecerá y/o modificará a partir de las manifestaciones sociales del 2019 y de la pandemia.

La bolsa de comercio está en número negativos; países como EEUU y de Europa han mostrado la hilacha con su sistema de salud; ricos y pobres estamos igual de vulnerables; y podría seguir describiendo. En resumen, este virus no ha dejado a títere con cabeza.

Lo curioso del caso es que nuestra generación millennialls deberá insertarse en un mundo nuevo. Nos criaron para continuar el mundo de nuestros padres, abuelos, bisabuelos y ahora nos toca crear uno nuevo. Hemos implorado por este momento y ahora lo tenemos: una realidad tan decadente que debemos crearla de nuevo y ojalá mejor.

Llama la atención como de la noche a la mañana pasamos de una revolución político-social de alcance mundial, a una enfermedad que está destruyendo a un porcentaje de la especie humana. Es como si esta pandemia fuese la bomba política, social y biológica que se necesitaba para detener el mundo, y así analizásemos todo con tranquilidad para darnos cuenta de que estábamos mal.

Esta endermedad ha magnificado la crisis mundial ya reflejada en los movimientos sociales del 2019. Durante las manifestaciones, la gente cansada del sistema ha puesto la teoría de que la única forma de acabar con el sistema económico capitalista, es que las personas cambiasen su postura y actitud frente al consumismo ilimitado.

Todos los días vemos como el empresariado está asustado de que el sistema financiero colapse. La bolsa cae, el comercio cierra, está prácticamente prohibido consumir. Al no haber consumidores, no hay nada.

Tan desesperados están, que se ha hablado de un sueldo universal, lo que no sería para nosotros, sino para que el sistema no muera.

Estamos inmersos en tiempos de cambios profundos. La salud, educación, economía, hasta el espectáculo deportivo. Nadie se imaginaba que el mundo se iría a pausar.

En nuestros colegios públicos los y las docentes se toman la cabeza debido a que nadie tiene idea de qué hacer en este escenario. Unos no quieren estudiar y a otros les cuesta preparar clases por la falta de herramientas del mundo digital.

Todos estos puntos mencionados anteriormente desencadenarán una gran desmotivación a todo el circuito. ¿Y qué pasará? Al parecer nadie tiene la respuesta.

También llama la atención como todas las figuras políticas, religiosas, climáticas, económicas, artísticas, han cambiado sus discursos y narrativas. Quizás por miedo, están todos en cuarentena optativa (se supone); nadie quiere morir. Se han convertido en seres humanos con las mismas debilidades de las personas comunes y corrientes.

Pero no todo es terrible con esta tragedia.

Ver animales silvestres caminando libremente en la calle, disfrutar el aire limpio, leer sobre las emisiones de carbono disminuyendo drásticamente es algo emocionante.

Definitivamente el ser humano tendrá que aprender a vivir con lo que dejó durante su ausencia, durante su cuarentena.

Por todo esto el coronavirus es tan multifacético:

  1. Es el bueno: porque ha regalado a la especie humana un momento de análisis y reflexión.
  2. Es el malo: ya que trae muchas muertes, no sabemos a dónde va a parar y tampoco sabemos sus intenciones (biológicas y “humanísticas manipulables”). Las cifras de contagios ya superan los 4 millones de infectados y casi 300 mil muertos.
  3. Es el feo: por todas las consecuencias inciertas que trae y traerá a los más desprotegidos.

Impresiona como algo tan microscópico como un virus nos coloca delante del espejo y nos revuelve el gallinero como especie humana.

Tal como dice Marco Aurelio en la frase citada, esta pandemia por supuesto que acabará con muchas vidas. Pero continúo con la cita:

¿Podrá el coronavirus acabar con el egoísmo, orgullo, hipocresía y el miedo?

Lo escrito anteriormente son parte de las características humanas, en particular aspectos que nos degradan como especie, pero que nos recuerdan el daño que podemos hacer al otro y que biológicamente somos animales.

A lo mejor el hecho de que tengamos que convivir con acontecimientos ocurridos en nuestra ausencia (cuarentena), nos permita cambiar estos aspectos negativos racionales y modificar nuestros aspectos salvajes.

En la RAE, la palabra crisis tiene distintos significados, varios de los cuales se relacionan mucho con lo que nos ocurre actualmente:

 “cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera que estos son apreciados”.

Actualmente estamos inmersos en una crisis, estamos literalmente enfermos. ¿Podremos levantarnos de esta pandemia?

Si el ser humano de algo se caracteriza es que de cada crisis “evoluciona”, ya que entendió que el rumbo que estaba tomando, era directo a la extinción.

Damas y caballeros, la crisis ha llegado con bombos y platillos ¿evolucionaremos? ¿evolucionaras tú? ¿Nos permitirán evolucionar? Y por supuesto si así sucediera ¿de qué manera evolucionaremos?

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