Interculturalidad, un Chile como una rumba

La rumba tiene algo de pretensión intercultural, más que como una categoría explicativa del
fenómeno, como un horizonte de acción, de integración.
Rumba y encuentro podrían ser parte de un binomio, de una conjunción obvia: en torno a
la fiesta se construyen historias, aventuras y eventualmente lazos que trascienden el momento del goce. Es justamente esta relación dialéctica la que hace posible que cuando hablamos de
interculturalidad, inmediatamente se nos genera la imagen de la rumba.
El constructo «interculturalidad» hace referencia, dentro de varias acepciones, a la
relación entre distintas identidades que contienen individualmente prácticas diversas, discursos y usos de expresiones que se integran, sin que una prevalezca sobre la otra, en una especie de horizontalidad. Es tal la orientación política de esta noción, que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) habla de una acción: «luchar» para enfrentar el racismo, la discriminación y los estereotipos.
Esta característica es la que pretendemos revisar en el tercer número de nuestra revista: la
búsqueda de voces, experiencias y nociones que coloquen en tensión lo intercultural hoy en Chile, en un contexto de globalización e integración de distintas voces continentales que, de modo evidente, han ido enriqueciendo la cotidianidad de los habitantes de este territorio.
Nos parece notable que, desde una perspectiva histórica y considerando el lugar del cual
surge Maestra Vida (que cumple 31 años en septiembre), la que no tuvo esa intención específica
cuando partió en 1988, se ha ido dando como una práctica constante plasmada por los habitantes del continente que visitan el local, aportando cada uno de ellos al crisol de la rumba.
Aprovechando la oportunidad que nos da este número, queremos destacar el centenario
de un referente central de una expresión intercultural para este continente: Benny Moré, quien
fue en su oportunidad el eslabón que conectó, en un contexto histórico particular, la tradición
africana y occidental, campesina y urbana.
Creemos que es la ocasión para mostrar el resultado de un vínculo virtuoso entre distintas
culturas y que ha logrado trascender hasta nuestro presente.
«La diversidad es un elemento definitorio de la dinámica de la historia y en la riqueza
cultural sustentada en esas identidades se integran en su patrimonio cultural enlazadas en la
trama de su tejido social. El relato de esa diversidad pasa por la lucha necesaria contra el racismo, la discriminación y los estereotipos, en línea con la igualdad en el acceso y disfrute de los derechos humanos y las libertades fundamentales» (Unesco).

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