Hector y Rubén

De la mano del gran Pedro Rakos y de su maravillosa tienda virtual, Al Toque Records, nos llegan dos joyas de la salsa en formato de vinilo, ambas ediciones venezolanas, de época. La primera es La voz (Fania Records, 1975), el mítico compilado de Héctor Lavoe en el que aparecen varias de las más emblemáticas canciones del puertorriqueño. Abre el disco El Todopoderoso, esa memorable salsa de Lavoe en donde, sin tapujo, el músico saluda a Dios y refiere también a la fe cristiana, creencia intensa en toda América Latina.

La vida de este artista estuvo marcada por varias tragedias difíciles, episodios en que enfrentó justamente mediante la fe; hay que entender, entonces, todos estos saludos musicales en el marco de una historia de vida sufrida donde la fe en Dios jugó un rol importante: un verdadero sostén emocional para él como persona y artista. La contraparte de este tema en el vinilo es Rompe saraguey, pieza en donde Lavoe hace referencia a la cultura de la santería, muy fuerte en Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Brasil y en muchos otros países en donde la fe cristiana se fusionó con las creencias africanas que llegaron a través de la esclavitud, generando el sincretismo al que el músico canta en esta canción. 

Por otro lado, Mi gente es el gran hit del disco, un tema muy famoso, reinterpretado hace poco por Marc Anthony para la película biográfica sobre el «cantante de los cantantes», un tema muy querido por el público y que demuestra su vínculo con su pueblo, con la gente de su isla y del continente entero. Esta canción demuestra cómo antes de Ricky Martin, Dady Yankee, Bud Bunny, existió Héctor Lavoe, el primer gran cantante de Puerto Rico. Llama la atención además en este disco, Paraíso de dulzura, un track un tanto atípico dentro del repertorio de Lavoe, con citas al soul y al sonido de los Ángeles Negros, pero donde se demuestra además la tremenda variedad y versatilidad de Héctor como cantante. Un gran compilado donde si bien faltan canciones, reúne varios de sus clásicos y aproxima al auditor de buena forma a su trabajo.

El otro vinilo es Canciones del solar de los aburridos, disco de Rubén Blades y Willie Colón (año 81), del que destacan varias joyas: Tiburón, ese clásico latino entonado por Rubén en donde el temido rey de los mares representa al imperio norteamericano, que amenaza a un continente que busca su independencia económica y cultural. Esta pieza fue versionada en clave de murga años después por el fabuloso Vicentico. El otro temazo de este vinilo es Te están buscando, una canción que relata una historia de bajo fondo, de un mal jugador que no ha pagado su deuda y al que la mafia está buscando para «echarte encima el agua fría y un chin de electricidad». Este tema fue versionado años después en clave reggae por el grupo Mano Negra como Peligro, y también por el grupo de rock venezolano Los Gusanos, destacan en él la crudeza del texto y la potente descarga de tambores hacia el final, justo cuando Rubén canta «me lo dijo madame Kalalú», en referencia también a la santería. Malandrería pura. Ligia Elena es otro de los hits de este álbum, un tema que reflexiona con humor sobre el amor entre distintas clases sociales y sobre el racismo, mal aún vigente en muchos de nuestros países, demostrando la potencia, el valor universal y la atemporalidad de clásicos que no envejecen.

Sobre el autor:
Cristóbal González Lorca, músico, productor, autor. Mánager del grupo Santa Feria.

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